El sentimiento del valenciano en su estado puro, seria la descripción de las horas, minutos y segundos vividos el pasado fin de semana en la Plaza de la Virgen de Valencia. El punto final de peregrinación de los miles de valencianos, que se acercaron desde los diferentes poblaciones y puntos de la Cuidad.
Una noche de hermandad y encuentro para vivir una de las noches más intensas. Marcado en el calendario de los devotos a nuestra Patrona.
Al caer el alba entre canticos, poesías y piropos espontáneos de la pasión popular, se descubre la imagen de la Virgen de los Desamparados.
Solo hacía falta esperar unas horas para el disfrute del acto más emotivo para los niños, “La Misa e Infantes”. Delante del Tapiz elaborado para la ocasión y la representación de los niños y niñas Valencianos de la Fallera Mayor Infantil de Valencia y su Cortes de Honor. Monseñor Osoro presidió por primera vez, esta multitudinaria Misa cantada por diversos Coros de niños, que impregnó de ternura y emoción, al comprobar la pasión de los más pequeños.
Después de un año de recuerdo y treinta minutos de espera. Llega el momento de reencontrarse con tan querida imagen de la Virgen, ella como siempre puntual a la cita, es trasladada por el mar de fieles que abarrota la Plaza y calles colindantes. Los valencianos aclaman a su Patrona dedicándole toda clase de alabanzas, poesías y donde los más pequeños son llevados emboladas para acariciar el mato de la “Cheperudeta”, regresando de nuevo a brazos de los padres.
Una esencia de identidad, es la muestra de devoción que conmociona i queda en el recuerdo durante un año a todo aquel fiel a tan esperada cita.
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